TALLER DE ANCARES

Tres días para volver a conectar con la naturaleza en Ancares

Hay experiencias que se recuerdan por las fotografías que traemos de vuelta. Otras, por las personas con las que las compartimos. Y algunas, las más especiales, permanecen con nosotros por lo que nos hacen sentir.

Eso es precisamente lo que vivimos este pasado fin de semana en una nueva edición de nuestro Taller de Fotografías de Naturaleza en la Sierra de Ancares.

En esta edición contamos con seis participantes, cada uno con motivaciones e inquietudes diferentes. Algunos buscaban profundizar en el vídeo de naturaleza, otros querían mejorar sus conocimientos fotográficos, mientras que algunos acudieron simplemente con el deseo de desconectar, observar y vivir de cerca cómo se trabaja en la fotografía de naturaleza en entornos de montaña. Precisamente esa diversidad es una de las mayores riquezas de este taller.

Y todos encontraron algo que estaban buscando.

Nuestra base fue la aldea de Piornedo, uno de esos lugares que parecen detenidos en el tiempo. Allí nos alojamos en la Cantina Mustallar, donde encontramos el confort necesario para descansar y compartir experiencias después de cada jornada en el campo.

La experiencia comenzó el viernes con la llegada a Piornedo, la instalación en el alojamiento y una sesión teórica en la que abordamos conceptos fundamentales relacionados con la fotografía y el vídeo de naturaleza. Hablamos sobre técnicas de camuflaje, principios básicos de fototrampeo, orientación y seguridad en montaña, además de planificar las actividades que desarrollaríamos durante los días siguientes.

Después de cenar, aprovechamos la oscuridad y la calidad del cielo de Ancares para realizar una sesión práctica de fotografía nocturna y larga exposición. Fue una primera toma de contacto con el entorno y una magnífica oportunidad para comenzar a experimentar con la luz y el paisaje desde una perspectiva completamente diferente.

El sábado nos esperaba la montaña.

Recorrimos el cordal del Puerto de Ancares hacia el Pico Cuíña (1997m) , moviéndonos entre los 1.600 y los 1.800 metros de altitud. Allí la naturaleza marcó el ritmo de la jornada. Observamos y fotografiamos rebecos y cabra montés, aprendimos a leer el terreno, a interpretar el comportamiento de los animales y a buscar las mejores posiciones para la observación y la fotografía.

Pero quizá el aprendizaje más importante fue otro.

Aprendimos a esperar. A permanecer en silencio. A entender que en la naturaleza no todo ocurre cuando nosotros queremos, sino cuando ella decide mostrarse. Y cuando eso sucede, cada encuentro se convierte en algo único.

El domingo nos desplazamos a un bosque de media montaña para realizar una práctica completa de FOTOTRAMPEO.

Los participantes pudieron conocer todo el proceso, desde el momento en que una cámara sale de la caja y se prepara para el campo hasta su correcta instalación en una zona seleccionada del bosque.

La práctica incluyó un ejercicio especialmente interesante: los participantes colocaron, ellos solos,varias cámaras en una ubicación determinada y posteriormente nosotros, tuvimos que localizarla recorriendo el entorno y analizando el terreno.

Fue una actividad muy útil para comprender la importancia de la planificación, la discreción y el conocimiento del comportamiento de la fauna a la hora de trabajar con este tipo de herramientas.

Los participantes conocieron todo el proceso, desde la preparación inicial de una cámara hasta su instalación en el campo.

Una actividad sencilla en apariencia, pero tremendamente útil para comprender cómo trabajan los profesionales que estudian y documentan la fauna salvaje.

Con esta última actividad dimos por finalizado el taller, aunque la sensación general fue la de haber vivido mucho más que unas simples jornadas formativas.

Porque este taller no trata únicamente de fotografía o vídeo de naturaleza.

Es también una experiencia de convivencia, respeto por el medio natural y conexión con el entorno. Hablamos de identificación de especies, de comprender los ecosistemas, de aprender a observar, de escuchar el bosque y la montaña, de interpretar la luz, los sonidos y los cambios del paisaje. En definitiva, de detenerse y prestar atención a aquello que normalmente pasa desapercibido.

Por eso es una propuesta abierta a cualquier amante de la naturaleza. No es necesario ser fotógrafo ni videógrafo. Desde personas que están dando sus primeros pasos con una cámara hasta quienes simplemente desean recorrer la montaña con unos prismáticos y disfrutar observando fauna, paisajes y la evolución de la luz a lo largo del día, todos encuentran aquí su espacio.

Y entender que la fotografía o el vídeo de naturaleza es mucho mas que el mero hecho de apretar un botón y obtener un resultado. La fotografía de naturaleza, comienza mucho antes… desde el momento en el que tenemos esa inquietud.

Realizamos esta experiencia únicamente dos veces al año,

en primavera y en otoño, manteniendo siempre un grupo muy reducido de seis participantes.

Esa limitación no es casual: nos permite ofrecer una experiencia cercana, personalizada y respetuosa con el entorno que visitamos.

Todos los participantes cuentan además con seguro de montaña incluido durante el desarrollo de la actividad y guía de montaña titulado.

Si alguna vez has sentido la necesidad de detenerte, respirar más despacio y redescubrir la naturaleza desde dentro, quizá la próxima edición de este taller sea para ti.

PRÓXIMAS FECHAS: 23-24-25 OCTUBRE 2026

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